
Cuando una ladera pierde su cubierta vegetal —por un incendio, por sobrepastoreo o por abandono— el agua de lluvia deja de infiltrarse y empieza a correr. Arrastra el suelo fértil, abre regueros que se convierten en cárcavas y acaba colmatando lo que hay aguas abajo.
La restauración hidrológico-forestal trabaja sobre las dos causas: reducir la velocidad del agua y devolver a la ladera una cubierta que la sujete.
Un monte recién quemado es el momento más crítico: sin cubierta y con el suelo alterado, las primeras lluvias fuertes pueden llevarse en unas horas el suelo de décadas. Actuamos con obras de emergencia —fajinas, albarradas y barreras con los propios restos quemados— y después con la repoblación, cuando el terreno está listo para recibirla.
Estos proyectos suelen venir de administraciones y confederaciones, con dirección facultativa y unidades de obra medidas. Trabajamos con esa forma de ejecutar: replanteo, partes de avance y certificación de lo ejecutado.
Se complementa bien con nuestros tratamientos selvícolas, porque una masa bien tratada retiene mucho mejor el agua.
Cooperativa forestal con base en Henarejos (Cuenca). Trabajamos en toda España.